El adelantamiento de las elecciones generales en España, anunciado formalmente hace pocas horas por el presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, da lugar a muchas interpretaciones políticas (por lo menos, una por cada analista y partido), pero no puede sorprender a nadie.

Ya desde antes de la votación regional de hace dos meses, la posibilidad de que los comicios se realicen en este año (será el 20 de noviembre), era uno de los temas excluyentes del debate.

En la nota publicada en la edición de LA GACETA ese 22 de mayo, antes de que el PSOE sufriera una durísima derrota, se presentaban los escenarios posibles, coincidentes en una modificación del cronograma electoral:

“El líder del Partido Popular, Mariano Rajoy, presentó estos comicios como un plebiscito contra Rodríguez Zapatero, y en caso de una contundente victoria pedirá su dimisión y elecciones generales anticipadas para este año, en vez de marzo de 2012. (...) Si los socialistas sienten que tienen alguna opción de ganar, podrían forzar la convocatoria de comicios en septiembre u octubre de este año, para aprovechar políticamente el esperado descenso del desempleo durante el pico de la temporada turística”.

Hay otras variantes más que influyen en la decisión presidencial, pero lo evidente es que ahora se abre otra etapa en el debate político español, con ilusiones renovadas tanto de la derecha como de la izquierda en las urnas. Pero la pregunta central es si España tendrá el suficiente grado de autonomía como para elegir un rumbo económico y social propio en vez de seguir obedientemente los dictados del ajuste internacional en las cuentas públicas, sea quien sea el que triunfe. Esto es, en su síntesis más apretada, lo que piden cientos de miles de indignados. LA GACETA ©